miércoles, 18 de abril de 2012

El derecho cultural


  El derecho cultural

Hace ya un tiempo que la UNESCO introdujo al debate y como parte de su alcance democrático y constitucional el concepto de derecho cultural relacionado a la libertad de actuación, ejecución, practica, devoción y manifestación de un hecho cultural que posee cierta significación entre los grupos portadores de donde es oriunda la manifestación cultural en cuestión, sobre todo en los llamados pueblos indígenas y sociedades con manifestaciones culturales diversas.

El derecho cultural no está constitucionalmente estipulado por tanto dejarlo a la interpretación de la gente y las instituciones se prestan no sólo a confusiones sino a incumplimientos. En países de poca tradición democrática como el nuestro y cargado, desde las instancias institucionales, de un gran prejuicio cultural, se hace más notoria la falta de claridad en la promoción estatal y ausencias de políticas culturales que respeten estas normativas de organismos internacionales de los cuales somos signatarios.

Las manifestaciones de la cultura popular son las más frágiles en la aplicación de estos principios democráticos, sobre todo dado el hecho de que es en esta franja social donde mayor espontaneidad se produce en la ejecución de expresiones culturales y por demás donde más alto grado de africanía suele aparecer. Esto hecho aparentemente irrelevante es precisamente el que con más frecuencia produce exclusiones, represiones y omisiones muchas veces voluntarias de esta esfera de la cultura dominicana.

Gaga del batey el Soco, San Pedro de Macoris.
La historia nuestra es un recuento de violaciones recurrente de expresiones particulares de la cultura nacional. Los ejemplos campean pero notorio es el rechazo que recibe el tambor en la esfera de la iglesia católica donde se hace evidente su restricción dentro de la iglesia de este instrumento que es por demás el alma musical y espiritual de la cultura popular dominicana, pero cuestiones de prejuiciamiento han impedido su presencia en las iglesias dominicanas con raras excepciones.

Las tropelías e insultos recibidos por el merengue en los años finales del siglo XIX, como los que más tarde recayeran sobre la bachata, son parte de esa historia fatídica en que los derechos culturales se han atropellados sin miramiento alguno. Desfiles, festivales, ceremonias, carnavales, celebraciones de variados tipos, han sido particularmente prohibidas, sea de forma constitucional como la ley trujillista de 1943 que aun prohíbe las practicas de vudu, así como las luchas que han tenido que librar los carnavaleros para que se les permita mantener la tradición ancestral, como las presiones que ha tenido el ga-ga para salir del entrono del batey durante la Semana Santa.

Ceremonia alrededor de la tumba del Barón del Cementerio en la Avenida Máximo Gómez.



Muchos son los casos en que el país viola un principio de convenio contemplado en los acuerdos con organismos internacionales como la UNESCO. Hoy vemos con preocupación que una reiteración de estas acciones esta vez de un gobierno municipal, se prohíbe en la ciudad del Seibo, la entrada de un grupo de ga-ga, bajo el empobrecido argumento de que el mismo no representa la tradición cristiana dominicana. Pero resulta que nosotros no somos exclusivamente un pueblo cristiano pues la composición étnico-cultural nuestra es diversa y supone una amalgama en todas las expresiones de la cultura, incluyendo la religión.

Por lo tanto, esta iniciativa que contó con el apoyo y promoción de otras iglesias a las cuales se les permitió un peregrinaje por la ciudad, esta vez de la muerte y resurrección de Cristo, tienen los mismos derechos culturales, estas como las otras a representar sus tradiciones sin la necesidad de comentarios y enjuiciamientos externos y condicionados ideológica y culturalmente.

Precisamente la noción de ciudadanía cultural es la que mejor le viene a este tipo de situaciones debido a que implica la decisión de los pueblos de defender, promover, participar activamente y exigir sus derechos culturales empoderándose de cuantas manifestaciones le sean propias sin importar la opinión de terceros.

Desde el momento mismo en que los diferentes grupos de la sociedad representativos de expresiones culturales particulares, se decidan a defender sus derechos, a militar en sus causas culturales como parte de un derecho constitucional y democrático, entonces los otros tendrán que detener sus atropellos y violaciones a derechos civiles y de convenios internacionales.

Nadie tiene potestad para descartar ninguna manifestación cultural del pueblo dominicano y mucho menos sobre la base de consideraciones espurias y tendenciadas. Los pueblos y grupos humanos son los que impregnan significación a sus expresiones culturales en base a la importancia que la misma tiene para la reproducción del grupo, su estabilidad emocional, fortalecimiento identitario, expresión de catarsis colectiva y por sobre todo, la función social cohesionadora y de reafirmación espiritual que cumple el hecho cultural en los grupos portadores que son los únicos responsables en trazar su destino cultural, continuidad o discontinuidad del mismo.

Por tanto, advertimos a las diferentes iglesias del país, gobiernos municipales y otras instancias sociales, que de continuar estas violaciones fragrantes del derecho cultural de los pueblos, podrían iniciarse procesos de sometimientos en organismos internacionales a este tipo de acciones a todas luces intolerantes y arbitrarias, si los grupos portadores terminan abrazándose al concepto de ciudadanía cultural y todo lo que ello implica.

En una sociedad diversa como la dominicana, cada quien se divierte en función de los referentes que le han sido históricamente trasmitidos, lo mismo para la adhesión sagrada, como para cualquier otro hecho de la cultura, por lo que resulta un contrasentido que iniciado la segunda década del siglo XXI continuemos con practicas maniqueístas acerca del fenómeno cultural, ya superadas en muchas partes del mundo.

Lo bueno y lo malo de un hecho cultural, al menos que no refleje éste una violación a derechos civiles fundamentales de las personas, no pueden ser aprobados o desaprobados por terceros, pues ya estos derechos culturales están contemplados por organismos internacionales como extensión de los derechos humanos imprescindibles para la satisfacción de las necesidades humanas, que además de derechos políticos, de salud, alimentación, educación, laborales, civiles, de género, lo son hoy también culturales y por si fuera poco, signados por el Estado Dominicano.

Altar o túmulo de muerto en la casa de Sixto Minier, Capitán de la Cofradía de los Congos del Espíritu Santo en Mata los Indios.


De continuar estas absurdas exclusiones a expresiones culturales populares que forman parte también del acervo cultural de la dominicanidad, somos partidarios de crear un movimiento entre grupos portadores, comunidades, asociaciones, cofradías, clubes culturales, universidades y demás instituciones de la sociedad civil con el fin de que se respeten los derechos culturales del pueblo dominicano bajo el principio de que somos un pueblo diverso, multiétnico y multicultural.

Finalmente, en caso que se reitere la practica de discriminación cultural, deben iniciarse acciones de sensibilización, concienciación y finalmente legales para que se respeten los derechos culturales bajo el principio de que una ciudadanía cultural respeta la ley pero en el marco de un estado de  derecho y de una sociedad democrática que es a su vez, parte de un concierto de naciones que respetan y defienden los derechos humanos y las libertades individuales y de los pueblos en sentido general.-


miércoles, 7 de marzo de 2012

Una leyenda aun viviente sobre aparición de aborígenes en el sur



Hace un tiempo que viajo con frecuencia a la provincia de San Juan de la Maguana y me retroalimento de muchas de sus tradiciones y referentes culturales. La zona es rica en vudu dominicano, liborismo, música tradicional, cofradía que por demás tiene dos: la de San Juan Bautista y la del Espíritu Santo, su culinaria es diversa y con signos de particularidad que le impregna sello propio como el chenchen y el buche de perico entre otras esplendidas formas gastronómica, como de gran fuerza, espectacularidad y originalidad resulta su carnaval.

Sin embargo, el protagonismo aun de la palabra y el papel de la oralidad destacan su imaginario y dan esencia a su relación con el pasado que se niega a desaparecer del escenario de la modernidad y cambios que sufre la región como resultado de transformaciones económicas, sociales y culturales que impactan su devenir.

Recientemente participé junto a otro académico de la UASD en el Centro universitario de allí, en una clase de la profesora Milquella Mateo sobre el tema de historias contadas, experiencias vividas por visitantes y residentes cercanos a la cueva de Seboruco en los alrededores de la comunidad de Sabaneta, quienes afirman haber visto en ocasiones indígenas que salen y entran de dicha cueva a buscar agua a un lugar cercano.

Ilustración de la época colonial que muestra aborígenes con tipo continental-


Los informantes los describen con el tipo físico como suelen ser figurados por la historia: cabellera larga, lacia y negra, tez quemada y vestido a la usanza tradicional. En dicho encuentro con estudiantes de la región quienes por demás realizaban un documental sobre el tema, los había que contaban su propia experiencia vivencial y otros que se hacían eco de la tradición oral de campesinos y residentes de los lugares cercanos que afirman este hecho de gran capacidad imaginativa.

No olvidemos que San Juan de la Maguana es un lugar, tan solo se le acerca Azua otra provincia vecina, donde la cultura taina se respira en el mismo oxigeno que se respira la africania que le es propia y la influencia de otras migraciones que también han dejado huellas en su memoria y accionar cultural cotidiano.

Estudiar la cultura de San Juan de la Maguana al margen de su fisonomía cultural es un contrasentido, la impronta de un pasado prehispánico que marcó la zona, dejó cicatrices presentes hoy como la Plaza ceremonial de los Indios, la valentía del cacique Canoabo, la distinguida y especial presencia de la única cacique mujer que trascendiera a la historia: Anacaona, yacimientos indígenas, rastros arqueológicos y de arte rupestre, sin contar los hechos relevantes de rebeliones y sublevaciones en sus cierras y monterías, todo lo cual sin dudas nos remontan a un pasado esplendoroso, lo cual supone un atavío del inconsciente con ese pasado glorioso.

Estos hechos particulares de la historia hacen que el sanjuanero se adueñara de un pasado que lo ha hecho suyo como signo identitario de la región, que junto a otras manifestaciones del folklore local, se presentan como marca-provincia, nos referimos a la herencia taina.

Entrada al altar de Dona Ramona Uribe en Canaffstol de San Juan de la Maguana en la celebración de los 9 días de su fallecimiento.


Es en estas circunstancias es que se desarrollan estas leyendas populares como recurso de supervivencia de los grupos, mecanismo de identidad con un pasado con el cual no se ha producido ruptura, al menos en el imaginario de la gente y por supuesto, con una fuerza creativa y narrativa capaz de vencer el tiempo, lo imposible, la incredulidad de muchos y vivir la contemporaneidad como leyenda viva en quienes la protagonizan como experiencia de vida.

A pesar de la firmeza de sus narradores, la aparición de aborígenes en la cueva de Seboruco de Sabaneta en San Juan de la Maguana se inscribe en el marco estricto de una leyenda que como tal cumple una función en el imaginario, la identidad y reproducción de los grupos portadores de la misma sin que ello signifique un hecho comprobable de la arqueología, la antropología u otra de las ciencias afines que se involucran en este tipo de estudio.

Sin embargo su fuerza radica en su vigencia, la validación social de los grupos y los testimonio que la reproduce como verdad contada, aceptada y transmitida de generación en generación y de grupo a grupo apoyada en una tradición oral fuerte y con eficiencia comunicativa y de proyección social y temporal.-

Carlos Andujar

martes, 6 de marzo de 2012

El carnaval dominicano. Algunas reflexiones



El pasado domingo 4 de marzo del 2012 observé el desfile de carnaval en mi condición de jurado. Muchas cosas como ¨pendenciero¨ de tan espectacular manifestación de cultura popular, podría comentar y reflexionar.

Primeramente se hace evidente un esfuerzo por consolidar nuestro carnaval desde la acera de los grupos carnavaleros portadores de tan vieja tradición. Insisto, no obstante, en la necesidad de fortalecer ciertos marcos formativos entre gestores culturales, carnavaleros propiamente y otros sectores más involucrados en la responsabilidad de crear comparsas o mantener la asiduidad de otras.

Veo a veces un divorcio marcado entre la temática escogida como motivo de la comparsa, con los contenidos presentados sobre todo en lo concerniente a los renglones históricos, tradicional y creatividad popular.

Por momento da la impresión que desconocemos el mensaje que queremos enviar. Posiblemente la pobreza y postración en que se encuentra la educación nacional, se refleje en esta dolencia que si bien el plano evaluativo ha de considerar el escenario del carnaval y por tanto la flexibilidad del mismo, no deja de ser preocupante desde una perspectiva critica que supone una actitud de avance y mejoría de esta gran convocatoria entre quienes nos duele con sentido investigativo y funcional, el carnaval dominicano.

Esta vez pudimos ver otro tema de conflicto que ha de ser evitado para una sanidad del mismo, la participación de una comparsa de un partido político, con su líder como participante, los colores del partido y sus siglas. Jamás debió permitirse eso, los organizadores con quienes hablé no estaban al tanto de lo sucedido, por tanto dejamos
el hecho a una malsana instrumentalizacion política, consciente de quienes así actuaron, pero desacertada en su impacto y como iniciativa de ese tipo de convocatoria.

El carnaval debe dejarse al talento, creatividad y espontaneidad del pueblo, sabiendo que es una manifestación de altísimo contenido político y de critica y sátira al funcionamiento de la sociedad, pero nunca partidaria, cuidado con eso.

Igualmente impactante y cuestionadota para mí resultó la participación de una comparsa de un  movimiento cristiano, cuya forma de participación se alejó de lo que muchos llamamos, el lenguaje del carnaval. Si bien es cierto que hay comparsas de la religiosidad popular y temas religiosos como parte de las comparsas que siempre han participado en el carnaval, no menos cierto es el hecho de que su participación se ha inscrito en un ambiente de sátira, critica a lo establecido, música, alegría, colorido, danza, etc.

La participación de la comparsa El Arca de Noe, se alejaba de ese lenguaje y se adscribía a su rutinaria manera de ver el mundo, mientras que el carnaval es una negación de lo establecido, es una inversión del mundo, al menos mientras dure la festividad.

Un exceso de democratismo podría contaminar el espacio de libertad y catarsis que representa el carnaval, es por ello que advierto a los organizadores, prestar atención de tales medidas sin que ello signifique coartar el derecho y la apertura del carnaval, pero sabiendo que su participación se ha de inscribir en determinados parámetros, so pena de convertirlo en un desfile de temas y propuestas sociales y entonces pierde su naturaleza de fiesta de la carne, la lujuria, lo controversial y lo satírico y podría pierde su función social terapéutica.

Finalmente, nos preocupa la absorción de los Alí baba en cuanto a la música del carnaval que termina tragándose las otras inspiraciones, coreografía y comparsa, fenómeno que viene de lejos y cada vez adquiere mayor dimensión con la salvedad que podría desplazar otras variadas expresiones creativas populares.

Lo grave de esto es que observo una tendencia en la capital hacia el desplazamiento de comparsas tradicionales como la de los diablos cojuelos, por formas de Alí baba y otras comparsas de fantasías que lentamente se van haciendo dominantes en la participación de las distintas zonas de la capital, empobreciendo su riqueza y diversidad.

Diablos cojuelos de la capital.
Como también es de rigor dar seguimiento a los carnavales que se desarrollan en distintas partes del país algunos de los cuales ni tienen el tiempo necesario, ni la tradición requerida, ni el contagio debido entre sus gentes. Asumido como tarea por gestores culturales lo cual es encomiable, no deja de preocupar que algunos de estos carnavales arrancan bien y luego se empobrecen. Otros como Barahona y San Juan de la Maguana se transforman en verdaderos hervideros de creatividad y talento compitiendo con los mejores del país en calidad y diversidad. Sin embargo sigo creyendo que debemos prestar atención a estos casos pues no siempre resultan factibles, aunque en los casos que sea pertinente, ayudarlos a desarrollase.-


Carlos Andujar

lunes, 27 de febrero de 2012

LA GESTA DEL 27 DE FEBRERO. IDENTIDAD Y DOMINICANIDAD


La dominicanidad como un constructo socio-histórico y cultural

La Dominicanidad que es un constructo histórico, social y cultural tiene sus antecedentes en el proceso de constitución de la identidad cultural de un conglomerado de hombres y mujeres de distintas partes del mundo que se encontraron en estas tierras para ir tejiendo una mentalidad, una forma de ser y una manera de pensar propia en un tiempo y en un lugar.

Aborígenes, españoles, africanos y mas tarde árabes, chinos y de otras partes se juntaron en este suelo y le fueron dando formas a un proyecto de nación que logra su madurez en 1844 con la acción patriótica del 27 de Febrero iniciada en la Puerta de la Misericordia con el trabucazo de Ramón Matías Mella, temprano en la mañana, para continuar con la entrega de las llaves de la ciudad por parte de las autoridades de ocupación haitianas en la Puerta del Conde.

Transitando acontecimientos anteriores, hechos y circunstancias de diferentes naturaleza, el hito de la Independencia conjuga todos esos esfuerzos acumulados. No obstante, el 27 de febrero de 1844, los factores tanto internos como externos se articularon y se produjo el hecho que hoy conmemoramos con gran festejo y alegría.

Muchos estudiosos de la historia entienden que sin identidad no hay nación. Ese sentimiento de diferencia que genera el sentido de pertenencia a un suelo, una cultura, un grupo social y a un pasado histórico, solo es posible alcanzarlo cuando el principio de alteridad, es decir yo en relación a los demás, ha terminado de formarse en un conglomerado, dando paso al principio de diferencia.

Solo una vez alcanzado ese sentimiento nacional, se crea el alma nacional, se lucha por su defensa y se muere por este ideal como hicieron los Padres Fundadores de la Republica Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, acompañados en su utopía por los demás Trinitarios.

Ahora bien, cuándo comenzamos a sentirnos diferentes a los demás, cuándo comienza a gestarse el criollismo y las bases de nuestra identidad? Por qué es erróneo creer que la dominicanidad surgió en 1844. No en ese momento surge la República, impulsada por un sentimiento profundamente nacional que venía conformándose varias décadas atrás.

Las Cincuentenas, pelotón de 50 hombres criollos que salían a defender el territorio devastado luego de las Despoblaciones de 1605-06, eran solo aquellos que se sentían agredidos por los piratas y bucaneros que penetraban la isla después de los años de 1630, sin pensarlo fueron creando una base identitaria, un primer eslabón en la construcción de esa dominicanidad de 1844.

El siglo XVIII se fortalecieron procesos paralelos en las colonias de Santo Domingo español y el Santo Domingo Francés que permitieron definir sociedades diferenciadas desde el punto de vista político de dominación, económicos de explotación y cultural. Estos factores conformaron mentalidades distintas en los pobladores de ambas colonias.
Llegado el siglo de las revoluciones independentistas americanas en 1800, la Revolución haitiana representaba un modelo particular de lucha que culmina con la Independencia ante Francia en 1804. Tal vez esta necesidad de protección del gobierno haitiano aceleró una historia de contrariedades entre la joven nación haitiana y la parte oriental de la colonia de Santo Domingo.

En 1801, los revolucionarios haitianos se hacen presentes y ocupan esta parte de la isla bajo el mando de Toussaint Louverture y por mucho tiempo la seguridad nacional haitiana dependía del control del lado oriental de la isla lo cual fue acrecentando conflictos de tipo políticos y más tarde, militares.

La Reconquista de 1809 de los hermanos Ciriaco y  Juan Sánchez Ramírez, nos arroja un hecho evidente de que aun no estaban dadas las condiciones de iniciar una acción patriótica de envergadura. Núñez de Cáceres proclama la Independencia del Haití español en 1821 debido a que España no atencionaba su colonia en el Caribe. De poca proyección entre los sectores sociales mas avanzados, esta iniciativa aborta tempranamente y es aprovechado el hecho por el gobierno haitiano de Jean Pierre Boyer para ocupar la virgen y débil republica. Pero poco estructurada y sin participación popular, fue la de Núñez de Cáceres nuestro primer esfuerzo independentista que encuentra en la gesta del 27 de febrero su articulación final.

La rebelión de los capitanes en la segunda década del 1800, es prueba de un sentimiento nacionalista que buscaba distintas formas de expresión y concreción, A pesar de algunas semejanzas históricas entre Haití y los habitantes negros , libertos y mulatos del Santo Domingo español, es indudable que los años anteriores se habían encargado de moldear sociedades y procesos diferenciados en el que las metrópolis fueron determinantes, no solo el dominio de idiomas distintos, sino otras manifestaciones de la cultura que junto a las disposiciones arbitrarias asumidas por el gobierno de ocupación de  Boyer, exacerbaron el sentimiento nacionalista que se encarnó rápidamente en el movimiento trinitario encabezado por Juan Pablo Duarte.

Los trinitarios y las ideas nacionalistas

Este sentimiento nacionalista se organiza en la clandestina organización de la Trinitaria fundada en 1838 un 16 de julio, pero no debemos olvidar que su ideólogo Duarte a su regreso de Europa a finales de la década del 20 del siglo XIX, tenía por costumbre repartir pasquines y otros documentos llamando a la gente del lado este a rechazar la presencia haitiana y a organizarse para expulsar los representantes del ejército haitiano.

Por la naturaleza del trabajo político, la Trinitaria era una estructura clandestina que impulsaba el trabajo de organización entre los grupos de clase media comercial urbano, mas proclive a la sensibilidad social, multiplicándose por tres y expandiendo su trabajo para solidificar la conciencia nacional y producir el hecho independentista, sumando Juan Pablo Duarte en su estrategia a los negros libertos, hateros y sectores opositores al gobierno haitiano de Boyer en los conflictos internos de la Republica haitiana.

No olvidemos que la manera en que los Trinitarios actuaban en el plano cultural a través de la Filantrópica y la Dramática, representó una buena vía de acceso a la población sin que fuera activamente reprimido por el gobierno de ocupación. Así mismo la Dramática, permitía que los propios trinitarios actuaran bajo la dramaturgia y el arte escénico, para trasmitir un sentimiento nacionalista que despertara un espíritu de rebeldía desde la toma de conciencia cultural.

Juan Pablo Duarte, encarnó el sueño de la nueva patria. Supo conformar una organización política que diera al traste con la presencia haitiana: la Trinitaria, actuó con inteligencia política cuando crea la Filantrópica y la Dramática, y mostró un gran sentido de olfato político al establecer un diálogo con distintos sectores nacionales a pesar de su reticencia y desconfianza respecto a la Independencia Nacional.

La acción del 27 de febrero concretó un viejo sueño. Solo donde hay identidad se produce un proyecto de nación. La patria se consuma en el ideario duartiano en la medida que dicho acontecimiento permitió conformar una nación-estado, una república soberana, con un proyecto constitucional propio y símbolos patrios: himno, bandera y escudo.

La traición de la que fue víctima Juan Pablo Duarte por parte de Santana y sus seguidores, no evitó la profundización del sentimiento nacionalista que se desarrolló en cada batalla donde se ponía en peligro la independencia. El coraje de nuestro pueblo y la disposición de defensa a la soberanía, convirtió cada campaña militar en una ocasión para reafirmar el espíritu de lucha y convicción de los dominicanos.

El sacrificio de Juan Pablo Duarte, lo coloca por encima de sus compañeros en el objetivo de alcanzar el sublime propósito de fundar una república libre e independiente, en su momento le tocó librarnos de la Republica de Haití, pero firmemente convencido de que la lucha era contra toda potencia extranjera. Vende su patrimonio y bienes personales y familiares  para ayudar la causa nacional, dando un ejemplo de entrega y sacrificio a imitar.

La historia militar, por otra parte,  es tan importante como la historia de los procesos sociales, debido a que nos permite profundizar en los acontecimientos que decidieron los más destacados hechos históricos responsables de conservar el ideario independentista activo y disponible a oponerse a toda traición a la patria.

Las más de 13 batallas y escaramuzas que siguieron a la proclama nacional del 27 de febrero contribuyeron a reafirmar un deseo libertario que supo ser defendido en el frente militar con arrojo por dominicanos que sin la experiencia militar requerida, solo les acompañaba la fe y firmeza de defender el territorio de quienes incursionaban desde el exterior. Este sentimiento de diferencia supone un principio de alteridad ya presente entre los dominicanos que los lleva a vencer al ejército más poderoso del Caribe.

A pesar de la Anexión es un contrasentido al nacionalismo expresado por los hombres y mujeres que hicieron posible la independencia nacional, y a pesar igualmente de las dolorosas cicatrices que siguieron a la gesta del 27 de febrero de 1844 que termino en el destierro de su principal líder e ideólogo Juan Pablo Duarte, todo ello no fue óbice para que más tarde al hecho abominable de la anexión a España en 1861, se produce el Grito de Capotillo, iniciándose la Guerra de la Restauración considerada la más popular y masiva de la historia dominicana.

Las luchas entre trinitarios liberales y santanistas y baecistas conservadores, opacaron por momentos la grandeza del acontecimiento político mas trascendentes del siglo XIX, la creación de la República y la separación del pueblo dominicano de la dominación haitiana.

El valor histórico de una gesta patriótica

Juan Pablo Duarte, con una estatura de líder nacional genera un movimiento entre jóvenes urbanos y de la clase media, muchos de  ascendencia española, que termina por producir el surgimiento de la República Dominicana en 1844. Esta ardua labor de crear el sentimiento de repulsa al ocupante haitiano auspiciado por los trinitarios, se enfrentaba con otras visiones sobre la autodeterminación de la patria que circulaban en el ambiente político de la época y que preocupada por la presencia haitiana en suelo dominicano,  no percibía con esperanza una independencia real de Haití y se vislumbraban distintas salidas como el anexionismo propiamente a España, el protectorado, la venta de la Bahía de Samaná o adherirse a la Gran Colombia de Bolívar.

Sin embargo, en medio de esa desconfianza, Duarte se lanza con fe en su proyecto de nación el 27 de febrero de 1844. La ambición de poder, las luchas e incomprensiones de algunos dominicanos transformaron el ideario duartiano democrático, en un proyecto personalista, autoritario y represivo. El golpe de Estado de la Junta Central Gubernativa vence dos grandes barreras: la primera alternativa del Padre de la patria se vio abortada y las ambiciones llovían desde aquellos líderes que aun acompañando a Duarte y demás trinitarios en la gesta independentista de febrero 27, no tenían confianza en el proyecto nacional.

La gesta del 27 de febrero es doblemente significativa dado el hecho de que hubo de crear primeramente un sentimiento nacionalista capaz de levantarse en contra de la ocupación haitiana con éxito y por otra parte, enfrentar los adversarios y opositores internos que desde dentro neutralizaban la vocación independentista de los trinitarios.

La temprana traición sufrida por Juan Pablo Duarte en 1844, pone en peligro por momentos el esfuerzo libertario de trinitarios y demás liberales, porque había que atender estas contradicciones internas del movimiento independentista, al mismo tiempo que debíamos organizarnos militarmente para defender la nueva república.

Es tal vez este uno de los más suigeneri procesos independentista de América. La debilidad estructural el grupo social que se articuló a la Trinitaria se hizo evidente debido a que la importancia social de los hateros posibilitó posible el capitaneo del proceso de éstas poco después de la independencia. Esta clase social de los hateros, a pesar de su tendencia al conservadurismo se comprometió a llevar adelante la independencia nacional, su participación activa en las contiendas militares acaecidas luego del retiro de las tropas haitianas en 1844, refleja una postura contradictoria que termina aclarándose con la anexión de la república a España en 1861.

Estas luchas producidas entre trinitarios y conservadores posteriores a la proclamación de la independencia tuvieron como resultado el desplazamiento político, encarcelamiento y exilio de los trinitarios. La hegemonía del poder en esos años entre Pedro Santana y Buenaventura Báez inaugura la lucha caudillista que tanto daño ha provocado a la sanidad institucional y democrática dominicana. No obstante ninguno de estos caudillos pudo acabar con el sentimiento democrático, patriótico, nacionalista y libertario de los dominicanos que quedó sellado con el triunfo de los restauradores en 1865, en la que estaban presentes muchos antiguos trinitarios, expresión de una vocación democrática y liberal que no pudo ser extirpada.

A pesar del dolor causado por el desangramiento vivido posterior a los años de 1844, la gesta del 27 de febrero demostró la vocación de libertad, autonomía e independencia del pueblo dominicano, que en esta fecha funda un estado-nacional bajo la denominación de República Dominicana, siendo la dominicanidad una manera de diferenciarnos de los demás, no solo por su significación política, sino también cultural.-



Carlos Andujar

miércoles, 15 de febrero de 2012

La frontera Haitiano-dominicana, espacio de múltiples dimensiones



Definida en situaciones confusas, la colonia de Saint Domingue inicia su historicidad hacia finales del siglo XVII, anos de 1696-1698, Con el Tratado de Ryswik firmado entre Francia y España. Desde entonces los problemas históricos entre ambas colonias y posteriormente entre las dos republicas: Haití y República Dominicana, han sido una constante. El propio Tratado de Basilea de 1795 pautó los límites fronterizos modernos sobre los cuales se definen las relaciones territoriales de ambas naciones. Por momentos ha sido el tema fronterizo causante de agresiones y conflictos diplomáticos trasladados al terreno de organismos internacionales competentes y traumaticamente causante de una de las peores masacres, La Matanza de 1937, ejecutada por el General Rafael L. Trujillo que trajo un gran rechazo internacional.

Presentacion de grupo de gaga dominicano en el Museo del Hombre Dominicano, acompañado del musicologo dominicano Edis Sánchez.


La frontera dominico-haitiana como otras en América y el mundo, es un espacio de de interacción y flujo que no solo encierra consideraciones de orden legal ligadas a las políticas migratorias de un país, sino también problemas de seguridad, contrabando, comercio, convivencia humana y mestizajes culturales además de ocupaciones territoriales que reflejan movimientos comerciales y compartición espacial, sin dejar fuera de la reflexión los temas de medioambiente y trata humana.

Todos esos factores se hacen presentes en cualquier frontera. La nuestra con Haití se ha visto matizada por lecturas históricas diferenciadas y ha sido motivo de escaramuzas pero también de convivencia interétnica llegando a crear la condición del rayano, ciudadano que nacido y criado en la reya fronteriza, construye un modo mixto, y se articula perfectamente a ambas realidades culturales sin enajenación alguna.

Fronteras inciertas, espacios indefinidos, límites aun pendientes de resolver y expropiaciones territoriales es la historia que acompaña las fronteras del mundo. Hoy parece que muchos intereses espurios han visto el potencial de recursos que encierra el trasiego fronterizo y en países como los nuestros donde no hay mucha vigilancia, ni regulación, ni seguridad, ni control, las fronteras en estos casos son caldo de cultivo para el tráfico de armas, droga, mercancías de todo tipo, trasiego humano ilegal, así mismo como potente espacio del intercambio comercial que nutre las fuentes de vida de los pobladores cercanos de ambos pueblos, así como los ingresos por intercambio comercial, de los principales rubros comerciales de estos pueblos.

En nuestro caso, la frontera es un mito en el sentido que no existe en los hechos y puede cruzarse sin problemas por muchos puntos de ella que tiene cerca de 370 kilómetros con a penas 8 puntos de vigilancia militar y uno que otros militares transitándola. Tres ciudades principales forman el corredor comercial y de pasaje fronterizo: Dajabón al norte, Elías Piña al centro y pedernales al sur. Conocidas como el corredor fronterizo dominico-haitiano, se le suman otras ciudades periféricas a ambos lados que son impactadas por la cercanía fronteriza o bien por el comercio, constituyendo este corredor una franja ideal para potenciar proyectos de desarrollo comunes y establecer canales de comunicación cultural, laboral, comercial que beneficie a ambas naciones.

No obstante el resentimiento que ha normado las relaciones de los dos países se impone para limitar los beneficios de estas ciudades vecinas. El temor a una llamada haitianización se interpone para obstruir estas ventajas. Así mismo, es notorio que la desregularizacion del lado haitiano incrementa brotes de migración ilegal que anida quejas ciudadanas manipuladas por los resortes nacionalistas del lado dominicano que dificultan los flujos normales de la presencia de la inmigración haitiana del lado dominicano.

Sin embargo, Haití es el segundo socio comercial dominicano. Esta realidad esta por encima de los retorcimientos nacionalistas y las viejas confrontaciones. Es cierto que el capital inversionista dominicano no ha sabido o no se ha atrevido a explotar ese mercado virgen que representa Haití, pero es notorio el desbordamiento de mercancía, el trasiego de gente y las ganancias que deja el mismo.

Cuando se cierra la frontera, explota una crisis del lado dominicano donde comerciantes, venduteros y otros sectores comerciales se ven rápidamente afectados, no es atrevido afirmar que una parte importe del aparato productivo nacional depende de este comercio, muchas veces irregular.

Así pues la frontera dominico-haitiana es un escenario para estudiar también otros aspectos de este vinculo fronterizo como el cultural, se desarrolla en escala mayor el vinculo afectivo, además del comercial, el amistoso y el fraternal solidario, y en términos culturales muchos dominicanos terminan aprendiendo el creole lengua nacional haitiana, como otros hábitos culturales haitianos alrededor de la música y las creencias religiosas, de su parte el haitiano habla un castellano con dificultad gutural alrededor de la pronunciación de la r, baila la bachata ritmo nacional dominicano como un dominicano mas y entabla relaciones maritales y de amistad con dominicanos-as.

En un fenómeno común a las zonas fronterizas, estas ciudades que conforman el corredor fronterizo, se han convertido en espacio de crecimiento ocupacional concentrando pobladores hacia sus periferias que las ayuda a mantener un ensanchamiento constante, reflejo del polo de atracción de todo tipo que ejercen los contactos fronterizos.

Pero también hoy hablamos de transfronterizo cuando se trata de las identidades y como la propia globalización ha borrado por así decirlo o hacerlo, la noción física de los limites territoriales trasladando la visión territorial de la frontera a espacios extranacionales en donde la nacionalidad se expresa con el mismo o mayor eco, que en suelo propio.

Frontera, desarrollo, convivencia y regulación migratoria y comercial caminan de la mano cuando de definir políticas de intercambio se trata. La ausencia de institucionalidad y de fortalecimiento democrático dificultan el proceso, sin embargo, hoy es imposible vivir aislados del mundo, pero sobre todo del vecino mas cercano, tanto para gobiernos, clase política, agentes económicos y mundo diplomático, lo fronterizo es y será un tema de agenda obligatorio.-

© Carlos Andújar

jueves, 26 de enero de 2012

Duarte, la sublimación de la patria


A punto de celebrar el bicentenario de su natalicio, la figura y la obra de Juan Pablo Duarte ronda como desafío en el accionar público y en la conciencia nacional como un fantasma que persigue el horizonte de hombres y mujeres que debieron ser formados bajo su ejemplo y guiarse de su comportamiento, las enseñanzas y lecciones dejadas por él.

Una vida dedicada a la definición de un proyecto de nación, Duarte y sus amigos dieron forma no solo a la resistencia nacional, sino que a través de la Trinitaria, fundada el 16 de julio de 1838, se forjo una conciencia nacionalista que hizo posible alcanzar nuestra independencia en 1844.

El mérito de Juan Pablo Duarte radica en haber defendido hasta el final su concepción de la patria, su lucha y persistencia por la consecución de ese ideal e involucrar diferentes sectores sociales en su objetivo. El mas sacrificado y desprendido, Duarte encarnó el sentimiento más noble de la patria y llevó el ideario nacionalista a los estamentos más alto, sublimizando la nación.

Este propósito hace de Duarte el ideólogo del proyecto nacional, el  más sensible y asiduo en la consecución de la causa republicana, pero también un ideólogo y estratega refinado. Si bien su obra intelectual no fue prolífera, su pensamiento se condensa en la manera cómo centró con una claridad inusitada, el proyecto nacional. Su ideario condensa su inteligente manera de concebir la patria y las tareas de su ese arduo recorrido.
Juan Pablo Duarte.

El esfuerzo patriótico de los trinitarios alrededor de las sociedades la Filantrópica y la Dramática ejemplariza cómo se fue creando un sentimiento de diferencia en lo cultural que junto al trabajo político de la Trinitaria culminan con la gesta libertaria de 1844.

Por tanto la obra y el aporte de Juan Pablo Duarte a la causa nacional va mas allá de sus escritos y se engrandece en la sublimación de patria que le acompaña, con la entereza indoblegable de alguien que se matrimonió con la nación y entregó bienes, tiempo y toda su vida a la realización de esta gran obra, no siempre apreciada por muchos de sus coterráneos.

Su grandeza radica precisamente en esa vocación de entrega nunca visto como sacrificio pues el esfuerzo por la creación de la patria no se puede ver como un sacrificio sino como una envolvente pasión.

Otros grandes de América dejaron además de su dedicación al proyecto libertario, una obra intelectual y escritos, no obstante la patria conjuga factores objetivos y subjetivos así como internos y externos que son determinantes en la culminación de un proyecto de independencia, sin embargo el liderato de Duarte al frente de los jóvenes trinitarios supo enlazar su pasión por la definición de una republica independiente de toda potencia extranjera, con los intereses de los distintos sectores sociales, pero también con las fuerzas opositoras haitianas permitiendo dicha estrategia conseguir el objetivo final.

Juan Pablo Duarte, no debe ser mistificado si bien su entrega pareciera misionera, en todo caso su trascendencia radica en que no solo fue el gran soñador de la patria sino que transformó ese ideal en proyecto de todos y todas y supo simbolizar las aspiraciones de mucha gente, con un espíritu casi mesiánico y pastoral, pero no fue ni lo uno ni lo otro sino alguien que nos condujo con decisión y firmeza por el sendero independentista y democrático de la dominicanidad.

© Carlos Andujar

martes, 17 de enero de 2012

Una cultura urbana que se anida


Una cultura urbana que se anida

Las transformaciones sociales que vive la sociedad dominicana en todos los aspectos de la dimensión social y cultural es notable en las modalidades y estilos de vida que acompaña a la ciudad de Santo, que sigue siendo la de mayor impacto social y cultural del país.

No solo los graffittes son un símbolo urbano presentes en la ciudad de Santo Domingo, sino también los desplazamientos en las convocatorias y encuentros sociales que cada fin de semana y hasta los días comunes de la semana, es posible observar en los Centros y Plazas Comerciales cada vez mas concurridas y visitas por distintos públicos, dominantemente jóvenes.

La música y formas de diversión expresan otras experiencias, otras visiones y otros gustos. Lógicamente que hay en todo esto también una impronta social y de clase evidente y que refleja precisamente estos procesos de exclusión pero igualmente cercanos a esta nueva cultura urbana que domina la sociedad actual,

Posiblemente convocados por el celular estos jóvenes han ido ganando espacio social y la ciudad se define a partir de sus intereses comunes y generacionales.

La ciudad lleva un ritmo metamórfico que a veces asusta, en su paisaje urbanística, arquitectónico, y de socialización. Nos preocupa sin embargo, que este avasallante e improbable detenimiento de cambios, no sugiere en nosotros temores, cada generación es hija de sus utopías y expectativas y le impregna a la sociedad, sus estilos y grupos y mundo cultural, su manera de asimilación del referente histórico, social y cultural de su contemporaneidad, a veces lo que se divorcian, son las generaciones en la forma en que estos son no solo interpretados sino, y sobre todo, explicados.

La visión de que estos jóvenes no tenían sueño, se opuso la ocasión de la demostrabilidad y desde la ciudad de Santo Domingo y Santiago, se levanto un movimiento social urbano, citadino, de reafirmación de una pertenencia y defensa capaz de frenar la razón de Estado.

Desde las ciudades se experimentan alteraciones del patrón de vida y al mismo tiempo nos indica un dominio eminentemente urbano de las ciudades, que nos obliga a pensarla como laboratorio de los desafíos del porvenir.

Concentrando la mitad de la población del país, Santo Domingo y Santiago, son espacios de vida que marchan a contrapelo de las amenazas sociales, de los traspiés de la política, del atraso social de una vida urbana moderna, de espacios públicos agradables  de descanso espiritual.

Cultura a ritmo acelerado, la ciudad de Santo Domingo, mas que Santiago, se compromete cada día a ser vida en su propia densidad, en su mismicidad poética desplazada por una cotidianidad e inmediatismo tercermundistas, que oculta sus secretos y nos convoca a descubrir su encantos y vivirla, a contrapunto de la modernidad, en una postmodernidad cosmopolita y atemporal.

© Carlos Andujar